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Gráfico de portada de la ahead Conversation con Klaus Kofler

Futuro e innovación · Entrevista

Del ruido del futuro: una conversación con Klaus Kofler

El futurista Klaus Kofler habla sobre la sociedad del impulso, la competencia de orientación en medio del ruido del futuro y la IA como espejo de nuestro pensamiento.

Lukas Wagner, Founder & Curator von ahead 5 min de lectura
De un vistazo
Quién
Klaus Kofler
Función
Futurista · autor · Vorarlberg
Tema principal
Competencia de orientación · conciencia · educación en la era de la IA
Tesis central
En el „ruido del futuro" no necesitamos máquinas nuevas, sino nuevas formas de pensar.
Publicado
20 de octubre de 2025
Formato
Conversation · ahead Magazine

¿Qué tan fuerte puede llegar a sonar el futuro antes de que dejemos de oírlo? Hablé con el futurista Klaus Kofler sobre por qué, en la era de la inteligencia artificial, no necesitamos máquinas nuevas, sino nuevas formas de pensar.

La sobrecarga como estado

A veces tengo la sensación de que nos hemos acostumbrado a la sobrecarga. Ya no es un estado de excepción, sino lo cotidiano. Hacemos scroll, reaccionamos, leemos titulares sobre el progreso y la pérdida, sobre lo que las máquinas pueden hacer y sobre lo que, supuestamente, pronto ya no podremos hacer.

A esa velocidad, la palabra „futuro” pierde su dirección. Ya no es una meta, sino un ruido. Yo lo llamo el ruido del futuro.

En medio de ese ruido quise escuchar. Por eso me reuní con Klaus Kofler, un futurista de Vorarlberg, un pensador, alguien que trabaja con el concepto antes de que se convierta en marketing. Hablamos sobre la inteligencia artificial, sobre la educación, sobre la conciencia. Y sobre la pregunta de cómo se puede, en realidad, aprender el futuro.

De hablar sobre máquinas a pensar sobre personas

Kofler me confirmó con una frase algo que llevaba tiempo teniendo en la punta de la lengua:

„Tenemos que volver a aprender a aprender de nuevo.”

Suena sencillo, pero es una exigencia radical. Porque no se dirige a las máquinas, sino a las personas. Lo que Kofler plantea con ello no es una actualización didáctica, ni un nuevo currículo, sino un retorno al pensamiento mismo. Describe nuestra época como una „sociedad del impulso”, un mundo que reacciona constantemente, pero que apenas reflexiona. Y tiene razón. Hemos adoptado el ritmo de la tecnología sin desarrollar la conciencia que hace falta para usarla con sentido.

En mi trabajo en ahead veo exactamente eso: empresas que quieren innovación, pero no tienen una cultura para ella. Escuelas que reparten dispositivos digitales, pero no transmiten un pensamiento digital. Equipos que hablan de IA, pero nunca de ética. El futuro no surge de lo que inventamos. El futuro surge de lo que comprendemos.

La ilusión de la orientación

Trabajo desde hace años en la intersección entre la tecnología, la creatividad y la educación. Y me llama la atención que casi toda conversación sobre la IA comienza con las mismas preguntas:

  • „¿Qué será reemplazado?”
  • „¿Qué nos queda?”
  • „¿Cuánto control nos queda todavía?”

Estas preguntas son comprensibles, pero conducen al error. Nos mantienen en una actitud de miedo. Y el miedo no es una base para crear.

Lo que nos falta es competencia de orientación, la capacidad de mantener una postura en medio del cambio permanente. La IA dejó de ser hace tiempo un tema de futuro. Es presente. Lo decisivo no es si llegará a ser peligrosa, sino si, como sociedad, seguiremos siendo capaces de ubicar y valorar sus resultados.

Kofler lo formuló con más acierto que yo:

Nuestra percepción está colonizada. Sobreestimamos lo que cambia a corto plazo y subestimamos lo que se mueve a largo plazo.

Yo añadiría: estamos saciados de información, pero hambrientos de sentido. Justo ahí reside la verdadera crisis de la inteligencia.

La inteligencia artificial como espejo

Kofler ve en la IA menos un adversario y más un espejo. Nos muestra cómo pensamos, y dónde lo hemos desaprendido hace tiempo. Analiza datos, produce lenguaje, simula creatividad. Pero no crea significado.

Cuando yo mismo observo modelos de IA, reconozco en ellos estructuras que se asemejan asombrosamente al pensamiento humano: patrones, predicción, repetición. Lo que les falta es contexto. Y el contexto es el lugar donde comienza la humanidad.

En el arte eso siempre estuvo claro. El significado no surge en el algoritmo, sino en la conciencia. Por eso creo que el arte y la IA plantean la misma pregunta: ¿qué hace que algo sea auténtico?

Nuestra tarea como sociedad, y como ahead, es preservar ese espacio de autenticidad. Un espacio en el que la tecnología siga siendo una herramienta, no una visión del mundo.

La educación como competencia de futuro

La formación para el futuro no es una preparación para la tecnología. Es una preparación para la complejidad. Y esa capacidad no se puede descargar.

Estoy convencido de que la educación tiene que cambiar, no en su forma, sino en su objetivo. Los niños no deben aprender a competir con las máquinas, sino a cooperar con ellas, sin perderse a sí mismos.

Cuando trabajo con escuelas o empresas, no empiezo con herramientas ni con tendencias, sino con preguntas: ¿cómo definimos el progreso? ¿Qué valores sostienen nuestro actuar? ¿Qué nos importa más: la velocidad o la profundidad?

Solo entonces puede surgir el futuro. Porque el futuro no surge de la capacidad de cálculo, sino de la conciencia.

La postura como moneda del futuro

Kofler dijo en la conversación:

„El futuro no es una tendencia, sino una postura.”

Esa frase me acompaña desde entonces. Describe con precisión lo que falta en muchas organizaciones. Queremos datos, pronósticos, seguridad, pero el futuro necesita otra cosa: tolerancia a la ambigüedad, atención plena, valentía. No veo en ello una debilidad, sino el siguiente nivel evolutivo de la inteligencia empresarial. En un mundo que se vuelve cada vez más ruidoso, gana quien sabe escuchar. En una economía que se vuelve cada vez más rápida, lidera quien piensa más despacio.

Eso no es una contradicción. Es el regreso al equilibrio.

En ahead trabajamos precisamente en esa intersección: entre el conocimiento y la percepción, entre la tecnología y la postura. Unimos la competencia en IA con la claridad humana. Porque el progreso solo surge allí donde ambas se hablan.

El espacio silencioso

Los futuristas lo llaman la contratendencia: cuanto más fuerte es el ruido digital, mayor es el anhelo de silencio. No veo en ello una huida, sino un regreso. Necesitamos espacios en los que las personas puedan volver a pensar. No para burlar a las máquinas, sino para comprenderse a sí mismas.

Quizás esa sea la tarea más importante de nuestra época: no volvernos más rápidos, sino más conscientes.

Si la IA configura el futuro exterior, entonces el futuro interior depende de nosotros. Creo que el futuro no es un pronóstico, sino una conversación. Y justo esa conversación comienza aquí.

Porque el futuro ya está aquí. Ahora solo nos falta aprender a comprenderlo.

Publicado originalmente en la página corporativa de ahead en LinkedIn, 20 de octubre de 2025.

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