De un vistazo
- Quién
- Ruben Hetfleisch
- Función
- Investigador de IA y fundador · anteriormente en Fraunhofer Austria · Viena
- Tema principal
- Confianza en la IA · responsabilidad en el loop
- Tesis central
- La IA podría volvernos más humanos de nuevo si mantenemos la responsabilidad en el loop.
- Ámbito
- IA generativa · human-in-the-loop · postura europea sobre la IA
- Publicado
- 31 de octubre de 2025
- Formato
- Conversation · ahead Magazine
Ruben Hetfleisch no provoca, pero sus frases resuenan. No lo percibo como uno de esos gurús tecnológicos que, con los ojos brillantes, se entusiasman con el futuro. Más bien como alguien que lo coloca bajo el microscopio y se pregunta qué nos hace.
Nacido en 1995 en Fráncfort, ingeniero de formación, casi doctor, investigó la IA generativa en el instituto Fraunhofer Austria. Durante tres años intentó enseñar confianza a las máquinas. Hasta que decidió que la teoría por sí sola no basta. Hoy construye, junto con su equipo en Viena, soluciones concretas de IA para la industria y las empresas, precisamente allí donde no se trata de palabras de moda, sino de realidad.
Y, sin embargo, le queda la gran pregunta: ¿cómo cambian las máquinas al ser humano?
Entre la tesis doctoral y la existencia
Hetfleisch podría haber hecho carrera, en el sentido seguro y académico. Pero en octubre de 2025 abandonó su tesis doctoral.
«No necesito el doctorado por ego. Quiero construir algo yo mismo.»
Hetfleisch pertenece a esa generación que se niega a reproducir sistemas que hace tiempo quedaron obsoletos. «El sistema educativo es como una guía telefónica de tres páginas», dice con sequedad. «Se aprende lo mismo que hace 30 años.»
¿Qué aprendió de ello a pesar de todo? Que el futuro no se puede memorizar, sino que hay que ayudar a construirlo.
La paradoja de la inteligencia
Cuando Hetfleisch habla de IA, nunca lo hace de forma técnica, sino antropológica:
«En un mundo ideal, la IA hace que podamos ser más humanos.»
Pero ahora mismo está ocurriendo justo lo contrario. Las redes sociales, dice, hace tiempo que dejaron de ser un medio social. «La IA convierte las redes sociales en redes aún menos sociales.» Una frase que da en el blanco, y que ya era previsible. Porque ya la era del «me gusta» convirtió el concepto de amistad en una conexión digital y le dio a cada uno la sensación de tener que tener razón.
Mientras los algoritmos nos entretienen, nos van desacostumbrando de la conversación real y, con ella, también de la atención real. Perdemos la capacidad de soportar la contradicción, porque los espejos digitales siempre nos dan la razón. Hetfleisch ve el peligro con claridad:
«El primer interlocutor de una generación joven ya no es el ser humano, sino ChatGPT.»
Suena sobrio, pero es una cesura cultural. Las máquinas nos escuchan, mientras nosotros desaprendemos a escucharnos los unos a los otros.
De la fe a la credibilidad
Hetfleisch no cree que la IA nos engañe, sino que hace tiempo que vamos camino de olvidar cómo se puede comprobar todavía el conocimiento.
«Clemens Wasner (cofundador de AI Austria) dijo una vez que antes aún se creía que toda información era correcta hasta que se demostrara lo contrario. Hoy es al revés: todo es falso hasta que puedes demostrar que es verdadero.»
Este cambio no solo describe la era de internet, sino el desplazamiento tectónico de toda una cultura. ¿Qué queda cuando la verdad se convierte en probabilidad? Para Hetfleisch, la respuesta es «transparencia». Reclama sistemas en los que los contenidos sean autentificables. «No es irreal que en el futuro tengamos que verificar nuestros contenidos mediante un escaneo del iris. Lo que está claro es que el internet del futuro va a cambiar de forma masiva.»
La nueva ética de las máquinas
Ante la pregunta de quién será responsable en el futuro (el ser humano o la IA), Hetfleisch responde sin titubear: «Nosotros, siempre.»
Los agentes de IA, dice, pronto formarán parte de nuestra vida cotidiana. Ya no los reconoceremos en las videollamadas, ya no los distinguiremos en los textos, pero la responsabilidad sigue siendo una capacidad humana. Por ello aboga por un human in the loop, un mundo en el que las decisiones no se deleguen, sino que se acompañen. Un camino que no sustituye la tecnología, sino que la amplía.
El mayor peligro no reside en la inteligencia de las máquinas, sino en la comodidad de quienes las manejan.
Europa, por favor, despierta
«En las grandes tecnologías horizontales de IA, en Europa nos hemos quedado rezagados. Pero en los casos de uso verticales, es decir, allí donde cuenta la experiencia especializada, tenemos una oportunidad real.»
Eso mismo veía de forma parecida Sepp Hochreiter en la última conversación. Hetfleisch cree en una IA europea que no lucha por cuotas de mercado, sino por valores: protección de datos, sostenibilidad, responsabilidad. «Podemos convertir nuestros valores en negocio», dice. Suena a idealismo, pero es una estrategia económica.
Mientras Estados Unidos vende innovación, Europa podría exportar integridad. Una IA con valores y, con ello, un camino nuevo, que hasta ahora no se conoce de esa forma.
El ser humano como destino de regreso
Que Ruben Hetfleisch naciera apenas en 1995 me sorprende. En la conversación encuentro una competencia concentrada y un saber propio de 100 años de conocimiento del ser humano. Lo percibo como un pensador con muchas capas, que busca al ser humano dentro del sistema y cuestiona el futuro.
Él cree que el futuro no será más digital, sino más permeable. Que el ser humano no desaparece, sino que se reinventa, como director de orquesta de sus máquinas.
Creo que la IA nos enseña lo que significa la humanidad.
Nunca quise saber todo lo que la IA puede hacer. Quería descubrir qué hace de nosotros.
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LinkedInPublicado originalmente en la página corporativa de ahead en LinkedIn, 31 de octubre de 2025.